tiempo detenido

Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana, Cuba, 2014

Curador Juan Bta. Peiró

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DSC_7879_zps52243357Mi agradecimiento a

Pablo Platas (Agregado Cultural de la Embajada de España en Cuba), Dídac Ballester (diseñador gráfico), Manuel Casares (Universidad de Granada), Mariví Borredá y Juan Senent (La Imprenta CG), Jose Antonio García (Pinturas y soporte técnico), Sr. Marmota (estencil), Ossaín Raggi (fotografía).

Elina Torres.

Tiempo detenido. Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y Arte Cubano Ediciones, La Habana, 2015.

Diseño  Dídac Ballester

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Las otras formas del  ver  (Fragmento)
Jorge Fernández

Director Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam

Detener el tiempo es un intento provocado por una idea. Ninguna transformación ocurre en el reverso, se produce en la experiencia. El arte tiene la libertad de su propia escritura. El texto se vuelve imagen y la imagen se convierte en texto. Es por esta razón que la artista Nieves  Torralba entra y sale de una realidad desde las licencias que le da el hecho de su propia obra. Esos sentimientos contrastados fueron el tour de force para su acercamiento a Cuba. Una isla que permanecía en su imaginario y con la que necesitaba confrontarse.

Entender un contexto ajeno es difícil, aunque culturalmente no existan barreras distantes. Cualquier realidad está presa de su relatividad, pasa por los sujetos que la construyen y son parte de ella y por una visibilidad que se debate en las ambigüedades de su propia naturaleza. Una preocupación que desde principios del siglo pasado hizo manifiesta el escritor austriaco  Hermann Bahr cuando en el libro titulado El expresionismo  decía: “Pero ¿cómo los ojos podían ver ideas, si estaban condenados a no crear nada y a sacar todo de la experiencia? Y ¿de dónde provenían el mal y el bien, la libertad, el deber? ¡Oh Kant, Kant! Desde que hemos dejado de poder ver con los ojos lo invisible, nos hemos perdido completamente”.

Ese desasosiego de alguna manera recorrió todos los poros de Nieves. Convivir con la línea y pasar meses ensimismada en la carnalidad del trazo fue un recurso que abandonó por un período. Su primer viaje fue como un shock, debía engullir lo que había vivido. Para esta creadora lo más importante no era generar saberes. Necesitaba pensar y más que eso, intuir. La urgencia no estaba en establecer tipos de conocimientos. Este es el motivo por el que su primera comunicación ocurrió con las plantas. Descubrir el mundo vegetal es transitar de la corteza a la raíz de cualquier lugar. De ahí salieron luego los dibujos y las bitácoras.

Las bitácoras son diarios de vida. Tienen la influencia gótica y están escritas como un sutra zen o como los aforismos que cultivaron Heráclito y Nietzsche. Son diarios de la artista donde hace pública pequeñas frases que pertenecen a su mundo interior. La escritura es diseño y la palabra es parte de la síntesis visual que gusta tanto a esta artista. Este trabajo es imposible distanciarlo de su condición femenina. Su discurso no asume una postura esencialista de reivindicación, más bien se comporta como un juego desde las propias sutilezas de una pieza en que la intimidad no sacrifica la crítica social. Observamos también la exposición abierta y sin ambages de todo lo que sucede y lo que está pasando por ella. Su filosofía es crear metáforas de lo cotidiano en una estructuración que se hace siempre cambiante.

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